Hoy tu sonrisa ha sido lo único capaz de levantar mi animo. Un ánimo carbonizado, envuelto en el hollín de los resto de lo que hasta el viernes fue mi despacho. El humo lo invadió todo. Tapado por esa capa negra de carbón han quedado miles de horas de trabajo, jornadas
maratonianas de once o doce horas, recuerdos, archivos, información cuidada, ordenada y mantenida durante mucho tiempo.
De entre los restos del naufragio recuperé el marco con tu foto. Mientras torpemente limpiaba el cristal cubierto de hollín que ocultaba tu rostro, tu adorable sonrisa, se me escaparon algunas lágrimas. Aun no era capaz de encajar lo que había pasado, ni siquiera era capaz de entender por qué lo
habían hecho. Como siempre, envueltos en el anonimato cobarde y ruin, o en la multitud exaltada donde cada corazón adquiere los colores más negros. Da igual ya. Solo pasó.
Me preguntaron si había algún objeto de valor.
De valor.
Depende.
Puede que para los que han pasado por allí solo haya una mesa, unos armarios, un sillón, unos cuadros, una planta, papeles, carpetas y los objetos de escritorio que puede haber en cualquier despacho. Casi todo recuperable o sustituible por algo más nuevo, más moderno.
Pero se han quemado muchas mas cosas. Cosas que no se compran, que no se limpian, que no se recuperan. Se han quemado recuerdos, se han quemado horas de dedicación, de entrega, de esfuerzo, se han quemado experiencias, sabiduría, emociones. Pero sobre todo se ha quemado algo que no estaba allí mientras el humo ennegrecía las paredes y el calor deformaba los objetos. Algo que llevaba conmigo.
Se ha quemado mi ilusión. Se han quemado mis ganas de luchar. Mi ganas de hacerlo bien, de trabajar duro, de crecer, de conseguir que cada vez
fuéramos más y mejores.
Ahora no quiero volver allí, aunque sé que volveré. No quiero ver las miradas de los que realmente lo sienten, ni sentir su lastima, aunque tendré que hacerlo. No quiero imaginar la sonrisa de los que se alegran o la de los que disfrutan con el mal ajeno, porque hará crecer mi rabia. No quiero que me pregunten, ni tampoco que lo ignoren como si nada hubiese pasado.
No quiero llenarme los dedos con el carbón que lo cubre todo, aunque tendré que recuperar lo más importante de entre las cenizas. No quiero que nadie lo haga por mí, y que decida que es lo importante y que se tira.
Ahora debería ser capaz de decidir que es el momento de dejar todo
atrás. El momento de renovarme. Igual que cuando supe que tu, Sergio, nunca serías un chico más, que tu vida sería especial y que de pronto la nuestra
había cambiado también de forma irreversible, ahora debería ser capaz de pensar que todo lo que se ha quemado, se ha llevado una etapa larga de mi vida. Que ahora toca renovarse también en esto. Tal vez es el momento de cambiar. Solo que no hubiese querido que fuese así. Empezar de nuevo con muchas más cicatrices no parece la mejor forma. Mañana amanecerá de nuevo, mas pronto que tarde, cogeré de nuevo aire para avanzar. No sé cual será el camino, pero será hacia delante. Andar y andar.